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No por mucho dinero que se gane, se convierte uno en más rico de la noche a la mañana. Hay determinadas variables como el tiempo, las inversiones que se hayan realizado y otros aspectos de índole contable que afectan a que ese dinero se materialice en diferentes momentos.

Recuerdo que un empresario me comentó hace años, entre extrañado y desesperanzado, que no entendía qué pasaba con la empresa, que su compañía ganaba y ganaba dinero según le decían los asesores y contables y, él sin embargo, no veía esos beneficios, ese dinero que ganaba por ningún lado. De hecho, la realidad mostraba que no tenía efectivo sobrante para hacer frente a sus pagos y siempre iba apurado para pagar las deudas con terceros. Ese dinero parecía que había desaparecido, que había ido a parar a Hacienda, a los proveedores, o que se había esfumado por ciencia infusa y no se sabía a dónde.

Lo sorprendente de esta situación es que es mucho más común de lo que podría parecer a simple vista. Muchos empresarios son excelentes comerciales y dedican todo su esfuerzo, además de a las ventas, a todas las actividades operativas de la compañía. El problema en estos casos está en que descuidan en gran medida todo lo relacionado con la gestión de los resultados de esas actividades. La gestión empresarial, la contabilidad, el análisis de los resultados, son considerados por estas personas un coste, un mal necesario que no aporta nada al negocio. Y no digamos ya nada de temas más complejos como pueden ser gestión presupuestaria, cuadros de mando, planificación estratégica, etc.

En el caso del ejemplo, lo que le sucedía al empresario era que estaba en una situación en que sí era cierto que tenía beneficios, pero como no veía ese dinero ganado, lo que hacía era aumentar su volumen de negocio (por suerte tenía esa posibilidad) con el fin de ver su cuenta corriente con parte de esos beneficios adicionales. Pero a medida que crecía su facturación y como el negocio era a crédito, sus beneficios no alcanzaban para financiar el circulante (es decir, no generaba suficiente dinero para poder financiar las nuevas operaciones de ventas a sus clientes y a su vez poder realizar las correspondientes compras). El problema adicional que se encontraba es que para poder pagar tenía que descontar papel con el consiguiente coste financiero, coste  que a su vez hacía disminuir en gran medida el beneficio final de la empresa.

El crecimiento en las empresas, aunque deseado en general por la mayor parte de éstas, lleva aparejado necesidades de financiación, hay que poder hacer frente a las compras y gastos adicionales en que la empresa se va a encontrar y que casi siempre habrá que pagar antes de que las correspondientes ventas sean cobradas. Y más en los tiempos que estamos en que cobrar no es precisamente una tarea fácil. Por otro lado muchas veces este crecimiento requiere hacer inversiones, que a su vez se tienen que poder financiar.

Pero no solo sucede que en casos de crecimiento la empresa pueda tener problemas de tesorería. También existen situaciones de decrecimiento que le pueden suponer a la empresa cargas adicionales que van a tener que pagar y que se van a sumar a unos ya beneficios menguantes. Este es el caso de tener que realizar despidos con sus correspondientes indemnizaciones, costes de desmantelamiento de fábricas, almacenes  y oficinas, etc.

A todo ello, e independientemente de la situación en que esté la compañía, existen diferentes posibles contingencias (eventualidades que pueden ocurrir en cualquier momento) que pueden hacer aflorar un problema con el consiguiente coste y obligación de pago no previsto y en algunos casos ni siquiera contemplado.

Por último decir que los criterios de contabilidad aplicados así como las estimaciones que se realicen sobre determinados bienes o situaciones ,van a afectar el resultado final obtenido por la compañía, haciendo que, una vez más, la separación entre beneficio y generación de efectivo difieran aún mucho más.

Conviene tener claro que estas situaciones pueden darse con frecuencia y para que esto no suceda es importante la previsión y el control, teniendo presente que la información habitual de Cuenta de Resultados y Balance de Situación no son suficientes, se necesita añadir al análisis de la empresa un informe de Cash Flow.

El análisis del Cash Flow o del Flujo de Efectivo es una herramienta fundamental a la hora de entender lo que ha pasado con el dinero de la compañía en un periodo de tiempo determinado.  Ser riguroso a la hora de elaborar este informe puede proporcionar una ayuda al empresario muy valiosa para entender su empresa y para la toma de decisiones. Las interrelaciones entre Balance de Situación y Cuenta de Resultados con el Cash Flow también permitirán dar garantía de un control adecuado de cómo está la empresa.